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| Imaginario social del CPM |
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| Los límites entre la realidad y la fantasía en ''El laberinto del Fauno'', por Fernando Soriano |
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“El laberinto del Fauno”, un film de Guillermo del Toro
Realidad brutal, desgarradora, con escenas de violencia explicita que contrapuntean lo imaginativo, lo mágico, lo creativo y rozando lo Onírico que vive Ofelia, la niña protagonista. |
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Todo se desarrolla en los años de la posguerra civil española. Un capitán, que persigue a los maquis, trae a su mujer en avanzado estado de gestación, al asentamiento desde donde dirige sus operaciones. Quiere tener allí a su hijo. Ofelia, hija de ella y de su anterior matrimonio, solo tiene como equipaje sus numerosos cuentos de hadas. Y su miedo: ante el capitán, su padrastro, al que no quiere y ante el entorno donde se desenvuelven los acontecimientos. Y su inocencia. Solo su pasión por las hadas la salva de la desgarradora situación que le toca vivir.
El director y también guionista, mezcla fantasía y realidad, desde los primeros momentos, manteniendo partícipe y cómplice al espectador del mundo de Ofelia, haciendo en ocasiones creíble lo que es fantasía. Uno y otro, se solapan formando parte de un todo, pero sabiendo muy bien donde está, dado que en las escenas finales muestra de forma rotunda el borde delicado y sutil entre ambos mundos. Entre todos los mundos que dibuja.
Un militar, perseguidor, sádico con sus enemigos, aplastado por la presencia y muerte heroica de su padre, representada por un reloj que siempre lleva consigo, y quien sabe si él mismo está constantemente desafiándola. Estructura que se opone al mundo mágico e infantil de Ofelia. Una versión de Alicia en el país de las maravillas, y como alguien ya ha dicho en este caso y en ese momento, en el país de las pesadillas. Las sombras, la persecución, y la muerte frente a las luces de la magia y la fantasía, muy bien apoyadas por las imágenes y las visualizaciones con las que nos regala. Esta vez la digitalización esta a favor de la creatividad y de la credibilidad del mundo donde se refugia Ofelia. Y todo ello en el marco de un cuento, desde luego no para niños, por la crudeza de su exposición. Dos mundos que contrastan y se realzan, por su fuerza y su contenido. Uno no podría existir sin el otro. No solo es una película de buenos y malos. No son unos ideales frente otros. Es también el bien frente al mal. Y la fantasía mediando entre ambos, formando parte de un intento para poder asumir una realidad.
Los personajes, rotundos, llenos y convincentes, magistralmente interpretados. A lo largo de la cinta , se suceden continuamente escenas humanas cada vez más cargadas emocionalmente, con registros tremendamente enriquecedores y sugerentes, pasando por toda la gama de pasiones humanas llevadas al límite, que fluyen sin escatimar detalles a veces sencillamente insinuados. Merece la pena ir descubriéndolos.
Un retrato alegórico en definitiva, de lo que todos llevamos dentro, como expresión y defensa para estar donde uno a veces no quiere estar, y el papel que juega la fantasía en todo ello. |
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