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Imaginario social del CPM
Una verdad incómoda, por Javier Revuelta

En 1962 Rachel Carson, una periodista norteamericana americana publicó “La primavera silenciosa”, un libro en el que explica la repercusión que tiene en la vida silvestre la acción de los pesticidas, especialmente del DDT. El libro tuvo una repercusión enorme en la sociedad americana, proporcionando unidad y fuerza a lo que hasta entonces era un movimiento incipiente y disperso: el movimiento ecologista.     

En estos últimos años, el que fue candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Al Gore, ha pronunciado más de mil conferencias por todo el mundo para despertar la conciencia de la gente sobre la cuestión del cambio climático; y, junto al director David Guggenheim, han realizado la película: <>, un excelente documental de 90 minutos que es una llamada urgente a la acción colectiva para solucionar un problema de dimensiones planetarias.

El documental demuestra con argumentos científicos que si no hay un cambio radical en la gestión de los recursos y en la producción de gas carbónico, nuestro planeta entrará en una dinámica catastrófica que acarreará dos graves consecuencias: por un lado y como resultado del deshielo de los polos, se romperán los ciclos climáticos y Europa y Norteamérica sufrirían una nueva glaciación; y, por otro, el nivel del mar subirá 6 metros y 100 millones de personas se verán obligadas a desplazarse.

El libro de Rachel Carson y la película de Al Gore tiene una cosa en común: lo que dicen es verdad y además es incómodo. Si unos cuantos miles de africanos constituyen un serio problema para Europa, imaginemos millones de personas obligadas a emigrar. Por otra parte: ¿qué consecuencias acarrearía una nueva glaciación? Un escenario tan caótico origina una disparidad tan grande entre el saber y el hacer, que la inmensa mayoría de las personas no pueden aceptar esta idea. Sin haber visto la película el sentimiento que se tiene en relación a este problema es de impotencia: ¿qué puedo hacer yo, ciudadano de a pie, para que en 10 o 15 años no se avecine la catástrofe anunciada? Después de verla, se puede ser consecuente y actuar; o, se puede permanecer en la hipocresía, distorsionando los contenidos, minusvalorando al emisor y reforzándose con viejas teorías y dichos populares que le quitan hierro al asunto.

En su día, es decir, hace 45 años, Rachel Carson fue perseguida por las autoridades norteamericanas e incluso acusada de comunista; en su película, Al Gore, denuncia las amenazas que recibe la comunidad científica y lo hace con una frase muy evocadora de Upton Sinclair: <>.

El movimiento ecologista surgió en los años sesenta, en una sociedad caracterizada por cuatro circunstancias que comentaré a continuación. La película de Al Gore plantea lo siguiente: ¿podemos pensar en un cambio social rápido que preserve a la humanidad de esta inminente catástrofe; o, debemos renunciar a toda posibilidad y hacer como la rana que se muere al caer en una olla de agua que se calienta lentamente?; ¿podemos salvar a la rana o es ya demasiado tarde? Creo que nadie puede responder a estas dos preguntas, sin embargo, es importante tener presente dos cosas: en primer lugar, la evolución social no es lineal ni continua, por lo que un cambio repentino en la dirección de los acontecimientos mundiales es posible siempre y cuando se acumule una masa crítica suficiente; y, segundo, la rana somos nosotros.  

En los años 60, los medios de comunicación de masas unificaban voluntades con relativa facilidad cuando se articulaban mensajes con suficiente carga ideológica; buena parte de las grandes gestas americanas, como fueron los estudios de Hollywood o las grandes cadenas productivas de Henry Ford, se deben a la promoción mediática de sentimientos colectivos. Esto no sucede en la actualidad: los medios de comunicación de masas en lugar de movilizar colectivamente lo que hacen es despojar de toda responsabilidad social al ciudadano y orientarlo individualmente.

No obstante, la presencia de Internet configura un nuevo panorama comunicativo en el que la cultura mediática está dejando paso a una cultura más diversa, que está creando un potencial de acción social específico. Que este potencial se encamine en una u otra dirección va a depender en gran medida de las simbologías que articulen los gobiernos locales, regionales, nacionales e internacionales; y, para que esto suceda, los ciudadanos deben demostrar a sus gobernantes que desean el cambio.

En segundo lugar, la llegada del hombre a la luna ofreció en 1968 una nueva visión del planeta Tierra. Las fotografías que envió el Apolo XII facilitaron la creación de una conciencia global planetaria y eso contribuyó al nacimiento del movimiento ecologista. En la actualidad lo que observamos es un movimiento a escala global que trabaja por un mundo más justo, que apuesta por la felicidad de la persona y que tiene repercusiones en todos los campos de la actividad social, desde la física cuántica, hasta la nueva medicina, pasando por las energías alternativas, la gestión empresarial o la agricultura ecológica. Nuestra civilización está superando el paradigma mecanicista que heredó de la razón ilustrada y entrando en una nueva interpretación holográfica de la realidad. Esto quiere decir que estamos dejando de percibir el mundo en partes separadas y nos estamos fijando más en las relaciones que lo forman; también implica que asumimos la responsabilidad de crear el entorno que habitamos en lugar de darlo todo por hecho.

Esto es positivo pues la razón ilustrada nos alejaba de la naturaleza, invitándonos a dominarla; y, el paradigma holográfico, nos dice que la naturaleza está contenida en cada uno de nosotros y que todo lo que le hagamos al entorno nos lo hacemos a nosotros mismos; y, al mismo tiempo, al resto de la humanidad. Salvando las desavenencias instintivas con sus correspondientes correlatos morales, el nuevo paradigma holográfico nos convoca a trabajar por una causa común sin perder nuestra individualidad. De acuerdo con la simbología que propone Al Gore -<>-, el nuevo escenario global nos invita a la acción sin necesidad de ser ecologistas, verdes, rojos, amarillos o azules.

En tercer lugar, en los años sesenta, se estableció el tiempo como activo económico, generando una nueva percepción sobre la realidad y aumentando, junto a la revolución del transporte, la movilidad social. En la actualidad, el tiempo como criterio económico está siendo sustituido por otra idea: el valor transformacional. La presencia de tecnología cada vez más sofisticada y la externalización de los procesos productivos a países con obra de mano más barata, relegan la revolución de la productividad a un segundo plano y sitúan el conocimiento en primera línea. En este escenario las relaciones humanas cobran cada vez más importancia en el proceso de toma de decisiones, lo cual es significativo si tenemos en cuenta que cuando los países tercermundistas en los que ahora se fabrica alcancen un nivel de desarrollo similar al nuestro, el desarrollo sostenible deberá ser una realidad.

Y en cuarto lugar, en la década de los 60 la guerra fría estaba en todo su apogeo y además se sucedieron acontecimientos como el asesinato de Kennedy, de Malcon X o la guerra de Vietnam..., que mermaron las libertades humanas, generando reacciones sociales de signo contrario. En Europa, en 1968, el movimiento estudiantil hace de la ecología un instrumento político. Francia es el primer país europeo en crear un Ministerio de Medio Ambiente; y, junto a Alemania y Holanda serán los países punteros de este nuevo movimiento político y social.

Hoy, lo que tenemos es una lucha ficticia de civilizaciones, guerras injustas vendidas a la opinión pública como cruzadas del nuevo orden mundial, una desregularización económica galopante, la mayor desigualdad social de nuestra historia, una superpoblación vertiginosa… y un problema medioambiental muy grave que refleja lo anterior y lo amplifica. Lo positivo de esta cuarta cuestión es que si tomamos conciencia de que el verdadero enemigo que tenemos son las condiciones de entorno que estamos creando, en lugar de nuestros propios semejantes, el problema se puede convertir en una oportunidad.

En uno de los pasajes, Al Gore comenta que ésta no es una cuestión política, sino moral; teniendo en cuenta que la política debe basarse en una ética social para obrar con justicia, yo diría que la cuestión del calentamiento global es, además de política y moral, también instintiva; a fin de cuentas nos va la vida en ello.
Javier Revuelta
Habilidades directivas y desarrollo personal
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ISSN. 1989 - 3566

Editorial.
Pilar de Miguel.

La Histeria, fundadora del Psicoanálisis.
Javier Ramos García.

 
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Reunión Mensual del C.P.M con la discusión del siguiente trabajo:

EL PSICOANALISTA TRATANDO A UN PACIENTE GRAVE
Carlos D. Nemirovsky
Psicoanálisis. Revista de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Vol. XXXI Nº 1, 2009

Presentacion de Rómulo Aguillaume Torres.

2 de Octubre de 2010.
12:30 horas.
Madrid C/ Mejía Lequerica, nº 18 2º A.

 
 
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