Finalmente es liberado y se marcha, continuaba decidido, a Köthen, donde el príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen lo contrata como kapellmeister.
Allí recibirá buena acogida, buen sueldo y buena consideración, Leopoldo también es músico.
Allí vivirá feliz, o no tanto, oscilaciones propias de los humanos, ya con sus dos mayores y luego renombrados hijos músicos, Wilhelm Friedemann y Carl Philpp Emanuel y con su (primera) esposa Maria Bárbara, y escribirá varias de sus obras más conocidas: las '6 suites para cello' y los '6 conciertos de Brandeburgo'. Ya había escrito antes, ya formaba parte de su impedimenta en el traslado a Köthen la partitura de el 'clave bien temperado', quizá escrito para que Wilhelm se adiestrara en el teclado, y buena parte de su obra, aunque aún no sus 'cantatas'.
En este año 1717 podía haber ocurrido en Dresde algo que nunca ocurrió: un 'duelo musical' entre músicos de renombre. Y al parecer no ocurrió porque el contrincante de Johann Sebastian, el muy meritorio organista francés Louis Marchand, músico de la corte del Rey Sol, y quizá no tan meritorio por su quisquilloso temperamento, al menos así dicen algunos, no ocurrió, decía yo, porque el francés prefirió madrugar y salir a hurtadillas de Dresde, seguramente después de oir a Bach la tarde anterior a la del previsto duelo, mezclado entre el público que asistía a las improvisaciones del kapellmeister.
Más elevado era el cargo de Marchand, más modesto el de Bach.
Pero aquél enseguida supo lo que el tiempo vino después a demostrar: no habría habido color.
Así que, ya que no hubo duelo, hoy propongo la audición de algo que tiene que ver con el sol, aunque, realmente, todavía faltaran muchos años, en el año del inexistente duelo, para ser escrito.
Se trata de una peculiar versión francesa de la obra del alemán, solamente es una pequeña muestra de la obra global: cada cual busque lo que necesite, cada cual siga su deseo, el mío es colgar hoy aquí estas letras y esta música: la 2ª de las 'variaciones goldberg', son 30, con un aria que abre y se repite para cerrar, en una interpretación que sugiere al menos dos cosas: cómo es de intemporal la música y qué intensidad la de algunos músicos.
Que qué pasa con la interpretación de Leonhardt, qué con la de Koopman.
No pasa nada: son obras maestras.
(nota final: sol).
manuel poncela |