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Home Revista Número 32 La palabra psicoanalítica ante el discurso político actual

La palabra psicoanalítica ante el discurso político actual

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REVISTA DEL CENTRO PSICOANALÍTICO DE MADRID - Nº 32


La palabra psicoanalítica ante el discurso político actual

Silvia Amarilla Irschick


A través de unas pinceladas intentaré transmitir ideas que fueron surgiendo al ir pensando en esta ponencia, así como un pequeño recorrido -que no será acabado ni exhaustivo obviamente-, del lenguaje, de la palabra, del lugar que ocupa, desde diferentes lugares también.


Desde el psicoanálisis, la intervención de la palabra esta presente en nuestro quehacer, se basa en una relación individual, privada, casi íntima, con el sujeto y su psiquismo. Esto sucede en nuestra práctica privada habitual, pero la práctica y la palabra psicoanalítica también están presente en instituciones publicas que abordan desde esta perspectiva la salud mental, cuando es posible-, que no siempre lo es.


Por otra parte, en nuestra sociedad y nuestra cultura, a través de los representantes políticos, de la actividad de los medios de comunicación, estamos inmersos en discursos que condicionan nuestra praxis, nuestra vida cotidiana, que quizás nos determinan más de lo que desearíamos.


Comienzo con el concepto más simple del lenguaje humano, que es la creación de un sistema de símbolos, signos y fonemas que permite al hombre la comunicación, hablar con la ilusión de entendernos.


La llegada del psicoanálisis complica sobremanera la relación del hombre con la palabra cuando se plantea el doble registro entre lo que se dice desde lo manifiesto y lo latente, que es de lo que se ocupará el dispositivo fundamental de la teoría y de la técnica psicoanalítica.


Otra cuestión que me parece interesante para pensar el momento actual, es la función que el lenguaje desempeñó en el proceso histórico genético de la especie humana en la medida en que la palabra pasó a sustituir a la acción. Cuestión que parece fallar cuando vemos en diferentes ámbitos, que la acción- actuaciones se realizan sin debate ni reflexión en el marco político y social. Decir y hacer, o hacer lo que se ha dicho, sin o con muy poca reflexión. Ni antes ni después.


Dice Silvia Tubert “Freud se refiere a la omnipotencia del pensamiento como la expresión del orgullo de la humanidad por el desarrollo del lenguaje que tuvo como consecuencia un extraordinario estimulo de la actividad intelectual, e inauguró el nuevo reino simbólico, lo simbolizable, donde tienen importancia las representaciones, recuerdos y razonamientos, a diferencia de las actividades psíquicas inferiores, que tienen por contenido las percepciones inmediatas de los órganos de los sentidos. Proceso de hominización.”


“La llegada del discurso psicoanalítico y la experiencia psicoanalítica, tal como la fundó Freud, tiene como fundamento a la palabra y el lenguaje. Cambia, trastoca, subvierte sentidos y se plantea una perspectiva diferente a la que se tenia de la organización de la mente, las patologías mentales, el concepto de sujeto. Irrumpe y divide al que era el ser de la Consciencia y la Razón.”


No es necesario reiterar, ya que es por todos conocido, lo que Freud va planteando al respecto en Lo inconsciente, el Malestar en la cultura y otros textos.


Quizás por esto parece necesario escuchar la palabra del discurso latente, atravesado por los fantasmas y por la determinación del deseo inconsciente de cada uno y cada cual, y que esta escucha pueda ser trasladada al discurso social y colectivo.


Me pregunto, ¿está siendo aplicado actualmente en relación al cuerpo social? ¿A escuchar y abordar síntomas sociales?


Se requiere la capacidad de “escuchar al otro”, una forma de escucha que ha de ir más allá del sentido convencional de los discursos establecidos.


Me parece una cuestión importante para retomar, cuando pareciera que estamos inmersos en el discurso descafeinado de lo “políticamente correcto”. Como escuchando únicamente los contenidos de lo manifiesto del decir.


Los imposibles:

  • "La política y el psicoanálisis son una relación imposible."
  • "La tarea de psicoanalizar es imposible."
  • "Educar es imposible."


Me referiré a los dos puntos primeros. Cuando Lacan, se propone una “vuelta a Freud”, en una relectura de los conceptos psicoanalíticos fundamentales desde una mirada estructuralista plantea en su articulo de 1966 “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” - entre otras cuestiones-, que el Inconsciente está estructurado como un lenguaje. Que el hombre se comporta como si fuera el creador y el amo del lenguaje, en tanto que en realidad el lenguaje es su soberano.


La palabra como función, y el lenguaje como lugar – campo, dice Lacan – del sujeto. El hecho de que la palabra y el lenguaje sean materia primera tiene otra consecuencia importante para la práctica clínica.


Las emociones y sentimientos son efectos de la palabra y no al revés; y no hay modo de producir un cambio duradero y valioso en el análisis, si no es operando en aquello que genuinamente sustenta el síntoma, la palabra.


Reflexionando acerca de estos conceptos en el campo de lo político -social, Hernando Bernal, psicoanalista lacaniano y escritor de origen colombiano, dice en un articulo sobre “La política en el psicoanálisis“ :


“No deja de ser sorprendente que desde un texto tan temprano como es el de La familia (1938), Lacan ya alude a la política como tema de reflexión en su pensamiento, en la medida en que, según su tesis expuesta allí, las catástrofes que se presentan en la política son un efecto de la declinación de la imago paterna. Pensar los problemas relacionados con la política se corresponde bastante bien con el deber que le toca al psicoanálisis en el mundo, deber en el que Lacan lo comprometió desde su Acto de fundación de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, el 21 de junio de 1964. Dice allí y cita a Lacan:


"Es mi intención que este título represente al organismo en el que debe cumplirse un trabajo - que en el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de su verdad- que vuelva a conducir a la praxis original que él instituyó con el nombre de psicoanálisis, al deber que le toca en nuestro mundo, que, mediante una crítica asidua, denuncie sus desviaciones y sus compromisos que amortiguan su progreso al degradar su empleo".


Que los psicoanalistas se comprometan con los problemas del mundo, con las cosas que suceden en él y sobretodo en la medida en que la sociedad padece de un malestar que le es inherente y que, además, se multiplica por el hecho de que la civilización incluye en ella el discurso de la ciencia y sus efectos, es a lo que Lacan nos invita. ¿No suena todo esto a una “plataforma política del psicoanálisis”?”


¿Esto seria sólo una expresión de deseos, o también una propuesta de articular, construir, ante o a pesar de lo “imposible de la relación entre psicoanálisis y política contemporánea”?


Ahora bien, también Freud plantea otro imposible en “Análisis terminable e interminable” (1937), donde dice que el psicoanálisis se presenta como una tarea imposible, en tanto jamás se logra restituir toda la historia ni dar palabras a todo lo reprimido. Es por esto que plantea que un proceso analítico es en si, inacabable.


Más allá de la etiología de la enfermedad, de la intensidad pulsional del sujeto, y otros factores, lo que Freud plantea es la imposibilidad de dar cuenta de lo real, que opera como límite de la actividad psicoanalítica. El lenguaje, la palabra del sujeto, se encontrará con elementos inabordables, que están dados por la roca dura de la castración, por el hecho biológico de la diferencia sexual, etc., de la experiencia humana que no se puede transmitir en su totalidad. Lacan lo llama “Lo inadmisible a la simbolización.”


Pero ante esto, luego Freud teoriza en “Construcciones en el análisis”, el recurso de la construcción, como un trabajo elaboración psíquica a partir de un fragmento de la verdad histórica del sujeto. Da también una posibilidad, una salida, planteando la posibilidad del pensar y construir una historia.


Parece interesante y además necesario el replanteamiento lacaniano que aportan algunos psicoanalistas a la teoría del sujeto esbozada por el descubrimiento freudiano del inconsciente; este planteamiento que no es novedoso, insiste en pensar la construcción de los lazos sociales y la construcción discursiva de la realidad, por parte del individuo perteneciente a la cultura.


La idea no es dar una nueva versión política a la teoría psicoanalítica o llevar a las ciencias sociales a la psicologización, la propuesta seria más bien el estudio de conceptos donde lo social retoma lo colectivo como parte de su trabajo, y enlazar a la sociedad como constituida por sujetos de deseo trabajando en articular espacios y con la posibilidad de generar algo diferente.


Este acercamiento entre el psicoanálisis y las ciencias sociales no es sencillo por las diferencias y el alcance de los dos discursos, que se plantean el sujeto de manera opuesta. Para el psicoanálisis, el ser humano debe lograr entre muchas otras cosas conectar con su deseo, acceder a su subjetividad en lo posible.


Para el político, el sujeto es un individuo al que prometerá la ilusión del cumplimiento del deseo, desde un lugar de minimizar el displacer y del malestar que genera formar parte de la cultura a la que pertenece. Son posiciones antagónicas aparentemente, que sin embargo, hay que enlazar en nuestro sistema democrático.


Castoriadis plantea un concepto interesante acerca de la subjetividad y la autonomía, que es transmitido por Yago Franco en su libro Magma ( 2003): “..el pasaje del individuo socializado a la subjetividad reflexiva implica el pasaje del individuo al sujeto; sujeto como aquel que se ha apropiado de sus determinaciones, que ha salido de la heteronomía - alienación-, a la cual es arrojado por la sociedad para perpetuarse, por sus propias determinaciones histórico-fantasmáticas, desconocidas como tales. Y esto tiene que ver con la posibilidad de autonomía” .


Querría mencionar también el discurso de los medios de comunicación. Si la información ha sustituido al conocimiento, y si los hechos se transmiten masivamente por redes sociales sin constatar su veracidad: ¿es esto reversible?


Cuando preparaba esta ponencia, me llega un articulo periodístico que transcribo:


SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ

En abril de 2010 una revista norteamericana humorística llamada Grist, especializada en información medioambiental, publicó un artículo en el que, por primera vez, se hablaba de “política pos-verdad”. El inventor del término, David Roberts, se refería a los políticos que negaban el cambio climático, pese a toda la evidencia científica que existía al respecto Actualmente la expresión “época post-verdad” está presente en multitud de análisis en medio mundo. Se está utilizando la mentira en política de una manera más intensa y con mayor capacidad de penetración que nunca, advertía The Economist en un reciente editorial. ¿Mienten los políticos más que nunca? No cabe duda de que los políticos han tenido siempre una relación peculiar con la verdad. Pero una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Personajes políticos como Donald Trump o como algunos de los protagonistas de la campaña del Brexit no han sido muy frecuentes en la historia de las democracias o, por lo menos, no han llegado a puestos de responsabilidad tan grandes. Cada vez más políticos se incorporan a la época posverdad, sin que los medios de comunicación hayan sido capaces de frenar ese avance ni las opiniones públicas sean capaces de castigar esa actitud, tal vez como consecuencia de lo anterior.


En España, se han negado en numerosas ocasiones hechos sobre los que existía total certeza. Ya no se trata solo de una característica peculiar de una persona concreta, sino de una táctica, una manera de enfocar la relación con los ciudadanos en la que lo que se dice, se mantiene y reafirma puede ser absolutamente mentira, sin que eso tenga la menor relevancia. La negación absoluta de los hechos, de los datos y de la evidencia, sin la menor precaución ni decencia, está a la orden del día en conferencias de prensa, comparecencias públicas y discursos ante Parlamentos o instituciones. ¿Por qué no reaccionan los ciudadanos? Hace ya tiempo que se sospecha que los votantes no se inspiran por los principios de la Ilustración, decía Roberts; no reúnen datos, sacan conclusiones y eligen después al partido que más se acerca a esas conclusiones, sino que proceden de manera totalmente distinta. Primero eligen tribu, después adoptan los principios de esa tribu y finalmente eligen aquellos datos que apoyan esas posiciones, despreciando todos los demás. ¿Qué ha pasado con el dictamen de los expertos? Se suponía que los ciudadanos, y los periodistas, que en muchas ocasiones no están en condiciones de decidir inmediatamente si algo es verdad o mentira, recurrirían a los expertos para desenmascarar a los mentirosos. Pero en esta época posverdad, los expertos han puesto tantas veces su ideología o su soberbia por encima de cualquier otra cosa que los ciudadanos y periodistas desconfían de ellos como nunca antes. ¿Acaso no declararon verdades científicas cosas que poco después se demostraban equivocadas? El posicionamiento de las instituciones tampoco sirve para contrarrestar la época posverdad, porque en muchas ocasiones esas instituciones han sido capturadas por poderes financieros que tampoco tienen reparo en negar frontalmente la realidad.


El corpus teórico del psicoanálisis se conmueve desde su origen por su entrecruzamiento con la cultura, los movimientos sociales, la política, los acontecimientos de la época por la que va transcurriendo. Freud nunca dejó de pensar, repensar y modificar muchos aspectos de su teoría, en función de los acontecimientos del mundo que lo rodeaba.


Asistimos y somos testigos de un momento político social de características casi dramáticas, por la velocidad con la que se suceden acontecimientos y la gravedad de las rupturas socioeconómicas que se producen.


La comunicación se realiza a la velocidad de internautas, con contenidos que perduran lo que la vida de una mariposa, que impactan pero aparentemente no dejan resto, ni recuerdo, y no sabemos qué efecto perdurable en el inconsciente colectivo.


Asistimos a fracasos en políticas de contención a situaciones de violencia propias de la pulsión desligada, a la fragmentación y disolución de redes institucionales que contuvieron, mejor o peor, a lo largo de las últimas décadas estructuras que ahora se desgarran y buscan nuevas formas de amarre.


¿Qué discurso es posible?

¿Qué palabra es posible desde nuestro lugar de psicoanalistas?

¿Nos inviste la sociedad de alguna manera para que nuestro discurso pueda también hablar y decir en los diferentes lugares sociales?


Hablar para decir algo con sentido es también un salto al vacío, porque no sabemos donde caerá la palabra ni qué efecto tendrá. Pero, ¿no es ese, en definitiva el lugar de la palabra analítica?


Así pues, frente a lo imposible del psicoanalizar, lo imposible del educar, lo imposible de unir psicoanálisis y política: ¿cual es la opción?


Sin posicionarse en el discurso de un saber que no poseemos, que nadie posee: ¿se tratará, tal vez, de incluir nuestro decir en más campos de trabajo, sociales y políticos, para articular algo desde la imposibilidad reconocida, con las herramientas que nos da el psicoanálisis?


Retomar los tiempos del pensar y reflexionar, antes durante y después del tiempo de hacer.


Quizás sea un momento -como pudo ser en otros tantos momentos de crisis- cuando el pensamiento critico podría ser rescatado como uno de nuestros recursos más valiosos con el que contamos como psicoanalistas y como ciudadanos, para sostener un proceso de duelos y pérdidas sociales, de nuevas formas relacionales diferentes y complejas, de dar nueva significación a las ya establecidas y participar en la construcción otras, nuevas y posibles subjetividades.


Con nuestra herramienta: la palabra.


Y volviendo a Castoriadis para así finalizar….


“PENSAR NO ES SALIR DE LA CAVERNA, NI SUSTITUIR LA INCERTIDUMBRE DE LAS SOMBRAS POR LOS PERFILES BIEN DEFINIDOS DE LAS COSAS MISMAS, EL RESPLANDOR VACILANTE DE UNA LLAMA POR LA LUZ DEL VERDADERO SOL.

ES ENTRAR AL LABERINTO…..

ES PERDERSE EN GALERIAS QUE SOLO EXISTEN PORQUE NOSOTROS LAS CAVAMOS INFATIGABLEMENTE, DAR VUELTAS EN EL FONDO DE UN CALLEJON SIN SALIDA CUYO ACCESO SE HA CERRADO TRAS NUESTROS PASOS- HASTA QUE ESTE GIRAR ABRE- INEXPLICABLEMENTE – FISURAS FACTIBLES EN EL MURO-“.

 

 

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Presenta: Eduardo Reguero Nieto
Artículos: "La Tercera Tópica" Christophe Dejours.

 

 

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